Como los filósofos antiguos, que sentados en un portal reflexionaban acerca de ‘algo’ haciendo aflorar insospechadas aristas, de el cuerpo y su sustrato, la carne, Kottow hace un lúcido análisis desde un punto de vista bioético, lo suyo, pero además enriqueciéndolo con indistintas disciplinas. El autor parte de un razonamiento aparentemente ingenuo pero que está a la base de toda reflexión acerca del ser humano en cualquier disciplina social, científica, económica, filosófica, o política pública: yo soy mi cuerpo, y sin mi cuerpo, no soy nada.
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